martes, abril 25, 2006

Más allá de mis zapatos

Sobre mi amigo el embolador* y la calle 53...

Son las 13 horas y ya he almorzado en el restaurante del Italiano (Ossobuco y Rabiolis, como cada vez que voy). Debo reclamar unas fotografías a las 14 horas, para reemplazar un documento que he extraviado hace unos cuatro días, así que puedo "quemar" una hora antes de volver al trabajo. Quiero aprovechar este espléndido sol que me viene siguiendo hace varios minutos, así que decido caminar mientras converso a través de mi teléfono celular con una vieja amiga...

Le doy varias vueltas a las mismas 4 manzanas (cuadras) mientras escucho esta voz que tanto estimo. Uno o dos datos vienen y van entre risas e ironías. Luego, es tiempo de colgar, y de nuevo no se que hacer.

De repente me encuentro con el embolador* (persona que aplica betún a los zapatos). Ya varias veces me ha prestado sus buenos servicios, pues para ser muy sincero, odio embetunar los zapatos. Me parece una actividad aburrida e improductiva. Pero charlar con el embolador es otra cosa. Lo que realmente vale, no es el betún ni el brillo, sino su tiempo y su charla, sus historias y sus maduras reflexiones de cincuentón reciente. (¡Él sabe disfrutar de embetunar: Lo admiro por eso también!)

Mientras el habla, y me hace alguna que otra pregunta con mucha calidez, yo lo oigo por ratos. En los otros instantes me dedico a observar el comportamiento de la gente en la calle. Pensando un poco en que escribir en el "blog" (Sucede que desde que esto escribiendo he aguzado mi sensibilidad frente a cosas que antes ignoraba)

Hay personas que van muy seguras de si mismas. Impecables e impactantes. Con su mirada al frente. En algunos momentos las admiro, pero en otros me parecen arrogantes. Me enamoro de algunas, y al ratito las odio. Luego me burlo de mi mismo.

Hay otras que van con las manos en los bolsillos, mirando al piso, como hablando con el cuerpo de los temores de su alma. Me parecen tan sinceras y transparentes. Pero luego los siento tan delicados y creo que necesitan de mi protección. Cuando ya los he perdido de vista, entiendo que tomé la decisión de no ser su hada madrina.

Hay otras que llevan una mirada triste, pero que no se ven vencidos. Van en pie de lucha. Van a morir con "las botas puestas"

Hay otras que llevan las hormonas en la piel. Que se sienten hermosas y buscan hermosura. Que no hablan con tu cerebro sino con tu carne. Que te hacen sentir cosas extrañas. Que ven como un acto de generosidad con el aire, permitirle rozarlas.

Hay otras que transpiran alegría y optimismo. Y una calida invulnerabilidad que le roba al tráfico una mirada de reojo.

Hay otras a las que se les ve una necesidad interna de llamar la atención, de no pasar desapercibidas por el mundo. No son tan distintas de aquellas que buscan transgredir a todo momento. A ratos las amo y a ratos no...

Hay otras, que están muy ocupadas en vender algo, y desaparecen como entes y parecen poseídos por el producto de turno. No parecen en ese instante seres capaces de amar, odiar y sentir. Sólo altavoces biológicos. Yo se que uno puede ser parlante biológico y ser humano al tiempo...

Hay otras que simplemente van. Sin ninguna huella o estela. Sin orgullo ni vergüenza logran transmitir la nada misma. Una de las sensaciones más intensas que me he chocado...

Y así entre portafolios, sombrillas, globos de colores, niños que piden ser cargados, chaquetas inmensas que cubren maletines en espaldas de estudiantes la gente va recorriendo las rutas del distrito capital, como esta calle 53.

Mientras tanto, yo estoy sentado, dejando que el señor embetune los zapatos. Hoy no ha charlado tanto como otras veces, pero su sola presencia y su inaudita calidez humana, me han permitido abrir mi mente a los mensajes de la calle.

Otro día desarrollaremos sus preguntas de literatura y ventas, que yo me esfuerzo por responder a la altura de la calidez de su alma.

Es hora de regresar a la oficina.

2 Comments:

Anonymous jmacz said...

"Hay otras que llevan una mirada triste, pero que no se ven vencidos. Van en pie de lucha. Van a morir con "las botas puestas"": Me trajo a la memoria el Mito de Sísifo de Albert Camus (además de la canción de Iron Maiden ;-)).

Me inclino por trasegar de ese modo.

9:54 p. m.  
Blogger Leodegundia said...

Siempre me gustó como describes a los personajes que te rodean y las situaciones que se forman, por eso disfruté mucho de este artículo de hoy.
Un abrazo

10:44 a. m.  

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