viernes, marzo 31, 2006

Un paseo por las nubes

Aún disfruto de volar...

Son casi las 6:20 de la mañana y voy con destino a Medellín.

En el aeropuerto "eldoraro" de Bogotá, está haciendo bastante frío, y la noticia de que ya podemos subir al avión me resulta reconfortante.

Despegar es una sensación agradable. Debajo, un mar de gente, de construcciones y de automóviles, que se ven tan pequeños, que lo hacen sentir a uno como una especie de ser todo-poderoso, que pueda cubrir con su mirada grandes extensiones. Las avenidas parecen de juguete.

Poco a poco la ciudad se queda atrás. Y empieza a verse el campo abierto de la cordillera. Después de superar la hermosa sábana de Bogotá, cada minuto el terreno se va haciendo más montañoso. Desde las leves ondulaciones de tierra hasta montañas y nevados. Las ciudades se ven tan indefensas desde la altura... Manizales apenas se insinúa a lo lejos.

Hay un lapso de unos cinco minutos en que el avión está por encima de las nubes, que parecen un océano blanco y denso, arremolinado. El infinito mismo se conoce cuando una buena cantidad de nubes lo separa a uno de la tierra.

Se queda atrás lo blanco y la montaña es cada vez más predominante. Estamos llegando a la "Capital de la Montaña". Esta vez no aterrizaremos en Medellín sino en Ríonegro, pues el tamaño del avión lo exige.

Llegar a Medellín tomará unos cuarenta minutos desde el aeropuerto.

Estoy feliz de que hoy haya hecho buen día, y de que haya podido ver la ruta Bogotá-Medellín desde el Aire.

1 Comments:

Blogger Leodegundia said...

Sigo opinando que tus descripciones de los lugares que visitas son excelentes, no te limitas a decir lo que ves, también transmites lo que sientes.
Un abrazo

1:16 a. m.  

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