martes, diciembre 27, 2005

Mi pasado inmediato

Algunos comentarios sobre mi vida cotidiana

Me levanto a las 7 AM, lo cual me parece una fortuna dado que vivo en una ciudad inmensa de 8 millones de habitantes, donde la gran mayoría deben levantarse a las 5 AM para llegar a tiempo a su trabajo.

Sin embargo levantarme me resulta dramático, y debo poner mi reloj despertador media hora antes. Es decir, entre 6:30 y 7AM, ejecuto complicados movimientos sobre mi cama, negándome a la realidad de que debo despertarme y salir a trabajar.

Cómo estoy bajo de defensas, lo segundo que hago es tomarme una pastilla de vitamina C, cuyo sabor me agrada en extremo.

Converso unos minutos con mi tía, quien amablemente me ha adoptado en estos dos años que llevo viviendo en Bogotá. Al fondo se oye el noticiero de la mañana, con la respectiva tragedia del día. Sin embargo trato de escuchar un poco, pues me gusta enterarme acerca del resultado de los partidos de Atlético Nacional.

Me baño con agua caliente. Nunca soporté el agua fría. Me demoro varios minutos, hasta que la culpa por la escasez de agua en el mundo me hace cerrar la llave de la ducha.

No salgo tan despierto como querría, pero al menos ya no estoy inconciente. El aire fresco de la mañana bogotana, me acaba de conectar con el mundo.

Me visto en un par de minutos con lo primero que encuentro. Se me dificulta combinar los colores. Me compré unas camisetas a rayas, que al parecer van con todo. O eso quiero creer.

Luego un rico desayuno. Las bondades de tener una tía que me quiere como a un hijo.

Es hora de salir, faltan cinco minutos para las ocho. Podría perder el bus, que comúnmente pasa a las 8:05 a cuatro calles de mi casa. Normalmente llego en el momento exacto para tomarlo. De lo contrario debo esperar hasta las 8:15. Llegaré a la oficina entre 8:30 y las 8:40.

Unos minutos de libertad en el bus. Para ver las formas de las nubes en el cielo y estudiar los gestos de la gente. Para establecer alguna charla con un(a) desconocido(a).

Me bajo del bus frente al centro comercial Galerías (hay muchas tiendas de cuadros (malos y poco artísticos a mi parecer) en este sector). Aprovecho un par de minutos para mirar la vitrina de la librería. Me lamento de ver tantas variedades de Código Da Vinci, y sigo de largo. Pienso que algún día debo comprar un libro de Lobo Antunes. Escuché que es bueno.

Como de costumbre paso frente al restaurante donde siempre lavan la acera de su frente a esta hora. Normalmente me salvo por un pelo de se bañado con agua enjabonada. Cuando voy de corbata la señora se disculpa. Cuando no, se ríe.

Me faltan dos calles para llegar al trabajo. Tomo un poco de aire y miro al cielo, con ansiedad.

1 Comments:

Anonymous leodegundia said...

jaja, no te resistas tanto a salir de la cama, piensa que cuando despiertas empiezas realmente a vivir.
Un abrazo

12:26 p. m.  

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